Un cliente satisfecho le cuenta a tres personas, uno enojado a tres mil.
Es casi una perogrullada, pero en algunas empresas ciertos puntos básicos de la relación con los clientes se encuentran enterrados bajo toneladas de prejuicios y políticas ineficaces (debieron ser útiles, tal vez, en el momento de liberarlas), lo que explica bastante cierta falta de respuesta a ciertos tópicos cuando tomamos contacto con sectores internos de empresas que tienen alto contacto con clientes.
Es común recibir como respuesta "siempre se quejan de eso", como si la reiteración de un reclamo fuera un capricho de los clientes (los cuales, generalmente, son tomados en ese caso como un colectivo fácilmente irritable y quejoso) y no un problema grave de la empresa.
Los empleados que reciben los reclamos se desgastan ante la falta de respuestas corporativas, sus jefes aprenden a convivir con la anomalía periódica, tomándola como "normal" y la empresa termina desarrollando 'callos por rozamiento' justo en los lugares más importantes, en dónde se atiende a clientes.
En una franquicia internacional cliente de CGS, uno de los reclamos más comunes era la diferencia notable de precios entre el mercado local y los de la firma, sólo en su servicios posteriores a la venta. Los precios de venta de los productos eran altamente competitivos, no así aquéllos; con la pauta de cambio asimétrica que rige en la Argentina, se doblaban fácilmente.
Salvo reparaciones obligatorias (y que eran generalmente la fuentes de las quejas, porque se interpretaba como una consecuencia de la cautividad) casi nadie usaba los servicios post venta de la firma. Evidentemente, había un problema de marketing a resolver.
Seamos cautos, ninguna empresa comete suicidio en el mercado porque sí: se aludió a que la misma franquicia ponía los precios de post venta y que era imposible modificarlos, por contrato. De hecho, la baja perfomance de la unidad de negocio en cuanto a cantidad de ventas vs. cantidad de clientes que usaban los servicios se compensaba con los altos precios, por lo que la misma contaba con márgenes suficientes de rentabilidad, aunque era el sector de menor crecimiento en los últimos años.
En encuestas de satisfacción posteriores al uso de los servicios de post venta se detecto que el 86% de las personas que no recomendarían el servicio lo hacían por el alto costo. A esas personas, se les preguntó si sentían que estaban recibiendo poco a cambio de su dinero o que solamente era una cuestión de precios comparativos. Paralelamente (y fuera de la muestra), un 45% de los entrevistados estaba disconforme con el servicio sólo por los precios.
Un 68% de los que no recomendarían a la firma respondió que sí, que sentían que no había diferencia entre el servicio prestado por la franquicia y la de cualquier competidor, salvo el precio. Nuestra lectura de los gráficos se centró en que uno de los problemas más importantes no eran los precios, sino la falta de competitividad del servicio. Los clientes saben que la franquicia es de alta gama, pero sienten que se los atiende como en cualquier servicio regular.
Con estos datos, se le propuso a la Gerencia crear valor dotando a los servicios de características Premium, realizando proyecciones de RoI sobre las inversiones propuestas (que eran bastante realistas: se proveyó de una "suite de espera" diferencial, con servicios gratuitos de cafetería, WI FI y televisión con cable, más línea de atención telefónica gratuita con un CRM dedicado, fijación de citas y seguimiento por Internet, merchandising exclusivo y promociones especiales). También, se hizo un trabajo desde los sectores operativos para eliminar cuellos de botella y acelerar el servicio (el cual se había acompasado al ritmo regular de la competencia), descubriéndose una mejora del 33% en los tiempos de respuesta sólo mejorando la comunicación interna (este trabajo lo realizó una consultora externa, a la cual CGS se subordinó como responsable de ciertos canales de comunicación externos, como el Call Center).
Durante el primer semestre, la curva de ambos marcadores (recomendación y valor) fue subiendo de manera dispar, subiendo más rápidamente la segunda: el cliente tomaba los cambios muy positivamente, pero aún era renuente a recomendar.
Cuando pensábamos que tantos años de reclamos había hecho un daño importante a la marca, recibimos los informes de la Gerencia del cliente indicando que las previsiones de RoI se habían satisfecho en casi la mitad del tiempo previsto y que estaban experimentando una mejora notable en el uso de los servicios post venta.
Nosotros teníamos datos que lo corroboraban, sobre todo porque el servicio de Atención Telefónica y por Internet mostraban un uso cada vez más intensivo, al que atribuimos a la curva lógica de adaptación al recurso de parte de la clientela. Fue mejor que eso: el cliente pronto se encontró en la necesidad de ampliar la unidad de negocios y pudo mejorar todavía más la creación de valor inaugurando dos nuevos locales totalmente centrados en la atención preferencial de sus clientes. Uno de ellos se ubicó en un centro comercial de alta concentración de público y, rápidamente, se convirtió en el segundo local de mayor facturación (dos años antes, fue necesario cerrar dos sucursales en sendos centros comerciales por falta de clientela).
El siguiente video (en inglés) corresponde al libro "Satisfied Customers tell Three Friends, Angry Customers Tell 3000" y sirve para explicar un poco el suceso: los clientes satisfechos son poco activos, pero un cliente insatisfecho se activa de manera superlativa.
En CGS creemos que tres clientes nuevos por cada cliente satisfecho es una cifra muy buena, pero que es indispensable actuar sobre los insatisfechos, pues los daños son -ademas de poco medibles- a veces irreparables.